LA ARGENTINA EN NEGRO: LOS JOVENES QUE SOBREVIVEN CON EL DESECHO DE LOS POLLOS

En primera persona, EL DELEGADO obtuvo el testimonio de un joven trabajador que cobra dos mil pesos diarios, sin ningún tipo de cobertura laboral ni de salud, en uno de los rubros más duros del empleo agropecuario.

Agustín recién cumplió los 18 años de edad y desde hace mucho tiempo, se gana la vida en un establecimiento de tratamiento del denominado “guano de pollo”, es decir el excremento de las aves, recolectándolo para que luego se envíe a procesas como fertilizante para los campos y sembradíos.

Sin protección alguna y a flor de piel, este chico se levanta temprano todas las mañanas y entre sus horas de estudio, realiza este trabajo para aportar a su familia y poder sobrevivir, con una paga de 2 mil pesos diarios en situación de informalidad.

Como Agustín, son cientos los niños, niñas y adolescentes que se dedican a esta ingrata tarea, la cual, entre otras cosas, lleva acarreado un peligro para la salud a corto, mediano y largo plazo, para quienes manipulan el estiércol de pollo.

El estiércol de pollo puede poner en riesgo la salud humana, ya que contiene salmonella y campylobacter. Ambas bacterias son capaces de enfermar a una persona.

Otros peligros para la salud presentes, son los parásitos intestinales y los residuos de medicamentos veterinarios. Metales tóxicos tales como el plomo, el arsénico y el cadmio también están presentes en el estiércol.

La “caca” de pollo también contiene bacterias resistentes a los antibióticos.

Estas bacterias se denominan staphylococci y enterococci. Cuando estas bacterias ingresan a los suministros de agua o alimento de los seres humanos, pueden infectar el sistema digestivo.

Esta muestra de la Argentina desigual e informal, interpela a toda una sociedad, a la clase política, a la dirigencia sindical y a los empresarios encargados de dar empleo genuino a las nuevas generaciones de una Argentina que en pleno Siglo XXI, tiene un futuro incierto.