¿UNA PANDEMIA Y DOS ARGENTINAS? (Por Walter Córdoba- Secretario de Bienestar social de la UTEP)

La pandemia dejó al descubierto una Argentina que muchos desconocen y que otros prefieren no ver: una profundamente injusta y desigual donde 6 de cada 10 niños son pobres en un país tan rico que produce alimentos para 10 Argentinas

En los barrios populares las alarmas se encendieron desde un comienzo, cuando las medidas de cuidado y aislamiento, eran de muy difícil cumplimiento.
 
El año pasado fue necesario readaptar territorialmente los protocolos sanitarios y comenzar a pensar los cuidados en términos comunitarios. 

En el lugar donde nací y crecí, el barrio Padre Carlos Mugica, más conocido como la villa 31 de Retiro, “la urbanización” que se tomó como modelo, y para la cual el GCBA destinó cifras millonarias, no se tradujo en respuestas habitacionales para las familias vecinas ni en obras de infraestructura para el barrio. Prueba de ello es la actual toma “la fuerza de las mujeres” que unas 80 mujeres con sus hijos están realizando.

Están acampando hace más de un mes sobre una franja de terreno en Retiro que era un basural, porque no llegan a poder alquilar y no tienen a dónde ir. A la par que pedimos que se termine con el negocio inmobiliario y se urbanice en un sentido social, humanitario y sustentable con el ambiente, estamos reclamando que el GCBA intervenga en este conflicto garantizando el derecho a la vivienda digna de todas estas familias.
 
Ramona murió peleando contra el hambre y denunciando la falta de suministro de agua, en días en los que nos pedían que nos lavemos las manos y desinfectemos todo cada cinco minutos.

Agustín por las tardes se dedicaba al apoyo escolar con los pibes y pibas que habían quedado colgados de la escuela, por la falta de conectividad y computadoras, que el gobierno de Larreta les negó tras desfinanciar el Plan Sarmiento.

Menciono a Ramona, Agustín y a Teodora de Retiro, entre los muchísimos compañeros y compañeras que en todos los barrios perdimos durante este último tiempo.

En el caso de Teodora, cocinaba todos los días para más de setenta familias y era quien conocía al dedillo cómo era la distribución de las viandas.

Ella tenía su casa en el Bajo Autopista hasta que el proceso de urbanización la corrió, y en el último tiempo vivió en una casa demasiado pequeña para toda su familia. 
Ramona, Agustín, Teodora y los miles y miles de militantes populares de las organizaciones sociales, contuvimos y cuidamos a nuestros vecinos y vecinas en los momentos más angustiantes y pusimos el cuerpo contra el hambre, la pandemia y la falta de trabajo. Tejer y sostener esta inmensa red de cuidados comunitarios es trabajo.

Todos los días, de la mañana a la noche, trabajamos para sostener los comedores comunitarios, corremos ante las emergencias, armamos postas de salud, consejerías de género, espacios educativos, convocamos a los jóvenes para tareas culturales y sociales. Son tareas que realizamos en forma sincronizada, planificada y sistemática pero, como estamos de ese lado de la Argentina que se tiende a ocultar o subestimar, por interés de algunos o por prejuicio de muchos, nos cuesta mucho esfuerzo que se vea, reconozca y ponga en valor el trabajo de cuidado comunitario que realizamos todos los días en los barrios populares. 

La postpandemia y el futuro del trabajo
Hay dos aspectos más que nos dejó al descubierto este proceso y me gustaría retomar en estas líneas.

En primer lugar, ha sido el Estado y no el mercado, el que ubicamos en el centro de la escena durante la pandemia. Le demandamos al Estado y a la política, y no al mercado, por la gestión de la crisis y la salud de toda la población. Como sabemos, el Estado que tenemos es consecuencia también del Estado que nos dejaron. Las recetas neoliberales debilitaron y endeudaron al Estado provocando más pobreza y desigualdad en la sociedad. 

En segundo lugar, este proceso abre un campo de incertidumbre y debate acerca de la salida de la crisis y el futuro del trabajo.

Los movimientos sociales el 7 de agosto volvimos a las calles levantando nuestras banderas por Tierra, Techo y Trabajo. Nos reafirmamos en nuestra identidad como trabajadores de la economía popular.
 Recientemente obtuvimos la personería de la UTEP (Unión de trabajadores y trabajadoras de la Economía Popular) que, a diferencia de lo que se mencionó en los últimos días, no se trata de un sindicato de o para pobres, sino más bien de la expresión y síntesis de un acumulado de organización y de lucha de las y las trabajadores que el neoliberalismo quiso excluir del sistema durante las últimas tres décadas.

El universo de la economía popular en nuestro país incluye al menos a siete millones de personas, de las cuales un millón ya se encuentran organizadas sindicalmente.
 
La economía popular viene creciendo paralela al mercado formal de trabajo. Las recetas neoliberales prescriben siempre más mercado para solucionar los problemas sociales. Sin embargo, nuestra historia reciente nos indica que esperar que el mercado nos resuelva los problemas sociales nos ha llevado a los peores lugares. 

Los movimientos sociales somos parte de la solución. Compartimos que es momento de repensar las políticas sociales.

Existen varias propuestas tendientes a brindar un marco regulatorio e incentivos a la economía popular para que se vuelva más productiva y competitiva.

Tenemos que poder resolver desde el Estado, y a través de la política, el problema del trabajo en Argentina. No podemos esperar que el mismo mercado que nos excluye nos valide como trabajadores.

Tal como ocurrió en el peor momento de crisis sanitaria, para resolver los problemas económicos, sociales y de trabajo que tenemos, al que debemos mirar para una salida democrática es al Estado y no al mercado.  

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