12 DE JUNIO DE 1974: UN PERON SIEMPRE VIGENTE ANTE UN PUEBLO QUE NO SE RINDE

En 1974, un 12 de junio, Perón daba su último discurso días antes de morir. En un país agrietado como el de ahora, llamaba a la unidad, que todavía no se pudo concretar.

El líder político, les guste o no les guste a propios y extraños, volvía a la Argentina tras 18 años de exilio y de proscripción electoral del 60% de la población que, por gobiernos militares o prohibición, no podía ejercer su derecho pleno a votar.


Ese fue el punto principal por el cual Argentina hoy todavía sigue en crisis permanente, más allá de los detractores el peronismo que culpan a 70 años de gobiernos "populistas", pero poco saben de mAtemática.

Si se hacen bien las cuentas (una simple suma), fueron casi 35 años de peronismo y los otros 35, de gobiernos sin apoyo popular por la proscripción, de dictaduras militares, una de ellas la más sangrienta y genocida y de otros neoliberales o fracasados al momento de plantarse ante los intereses foráneos.

La inflación, la fiebre del dólar , la miseria y el aumento de los alimentos en un país productor de los mismos, no fue el resultado de Perón y su doctrina, sino que obedece a casi un siglo de gobiernos elitistas y aristocráticos que piensan que el trabajador tiene empleo porque "ellos se lo brindan como dádiva ya que son seres humanos superiores a los pobres".

A esto, se le suman las matanzas de indios y nativos de Julio Roca, que hoy es homenajeado con su nombre en avenidas, ciudades y monumentos, el asesinato del senador Enzo Bordabehere,  Demócrata Progresista de Santa Fe, cuando las balas iban para Lisandro de la Torre, quien se suicidó en 1935/36.  

Quien lo mandó matar era el abuelo de Federico Pinedo, que se llamaba Federico Pinedo,  ministro de hacienda y abogado de los frigoríficos ingleses, cuando Lisandro de la Torre elevaba su voz, contra los poderosos.

Seguimos sumando, que a diferencia de Australia, Estados Unidos y demás repúblicas que se fueron gestando en el siglo 18, los habitantes se repartieron de manera justa los terrenos para poder sembrar y trabajar, desarrollando la economía dignamente.

Diferencia con Argentina, que fue Roca, Sarmiento, Mitre, Avellaneda y demás representantes de la más alta oligarquía de la época, quienes les robaron sus tierras a los pobladores campesinos, para regalárselas a sus amigos y familias de la alta sociedad, no más de diez o quince apellidos ilustres.

Esos mismos apellidos que durante casi dos siglos se dedican a imponer su poder sobre el 90% de la población restante, sea con látigo, espada, bala o desapariciones, aliados con los gobiernos de turno, dejando entre otros girones 30 mil desparecidos.

Fue Juan Domingo Perón quien pudo unificar el grito atrapado entre las gargantas de los pobres y los trabajadores, que ya se venía gestando en épocas de la UCR en los años 20 y 30, pero que con el Movimiento Justicialista logró un surco de acción concreta y de representación de un pueblo que lograba de una vez su unidad y libertad.

En ese contexto, fue que Perón, brindó sus últimas palabras, llamando a la unidad, luego de haber logrado unos meses de éxito con el pacto social, tras el abrazo con su opositor Ricardo Balbín.

Esto no les gustaba a los mismos sectores de siempre, que ya preparaban el golpe que vendría en menos de dos años.

Así las cosas, entrada la segunda mitad del año se evidenciaban dificultades de implementación producto de factores de la economía y algunas conductas de los actores de la concertación (principalmente por parte algunos sectores empresariales).

Ante esto los trabajadores salieron a apoyar a su líder de manera masiva durante la tarde del 12 de junio, concentrándose en la tradicional Plaza de Mayo.

Ante tamaña demostración popular de afecto, el General hizo su aparición ante la multitud y les dirigió lo que serían sus últimas palabras en público.

Tras agradecer a los trabajadores por acercarse a manifestarle su apoyo, inmortalizó como despedida la frase que mejor sintetiza la vocación de servicio del General: “llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino”.